Esta suele ser una época de agasajos, despedidas, de excesos en el consumo de comida, de bebida y también en la pirotecnia. Como en todos los finales de un ciclo, la euforia, la depresión, el optimismo y el pesimismo son algunos de los estados de ánimo que sobrevuelan en las personas. Algunos no ven las horas que se vaya el año si no ha sido muy positivo; otros no quieren que concluya porque les ha ido muy bien. De uno u otro modo, las Fiestas son un motivo para celebrar en familia y evitar contratiempos ocasionados por los abusos que pueden ocasionar accidentes.
Los cohetes traen siempre una cuota de alegría, pero también de desdicha si no se toman los recaudos necesarios. El empleo irresponsable de la pirotecnia ha dejado como saldo quemaduras graves, amputaciones, ceguera y en otros casos ha provocado la muerte. Las principales víctimas suelen ser los niños y los adolescentes.
Se recomienda no adquirir cohetes que no tengan identificación de su procedencia y por lo tanto carecen de número de registro, como tampoco los de fabricación clandestina, los que poseen riesgo de explosión en masa, como rompeportones, o los de trayectoria incierta, como buscapiés, y los que poseen sustancias prohibidas combinadas en la composición química. Las estrellitas y bengalitas tienen riesgos para los chicos, porque las chispas pueden prender fuego la ropa y causar heridas en los ojos. Todos los productos deben tener la leyenda “Autorizado por el Renar”, el número de registro y los datos del fabricante, según recordó en estos días el Ministerio de Salud de Buenos Aires.
Se aconseja que los menores no manipulen dichos elementos sin la supervisión de un adulto responsable; no agitar las botellas antes de abrirlas: emplear un repasador para cubrir el corcho y jamás mirar la botella. También se recomienda que si se produce una herida en un ojo, es preferible no tocarlo, sino cubrirlo con una gasa y acudir inmediatamente a un especialista o un centro asistencial.
Los animales son víctimas de la pirotecnia, especialmente los perros y los gatos. Los veterinarios señalan los explosivos les generan taquicardia, temblores, falta de aire, náuseas, aturdimiento, pérdida de control, miedo o muerte. Según la Asociación Protectora de Animales de Salta, los perros suelen sentir temor y al huir pueden ser víctimas de accidentes o perderse. Las aves reaccionan frente a los estruendos con taquicardias que pueden provocarles la muerte; los gatos suelen correr detrás de los explosivos por simple curiosidad pudiendo ingerirlos, perder la vista o lesionarse; los insectos y otros animales pequeños poco pueden hacer para no ser dañados, los artículos pirotécnicos son para ellos explosivos de gran tamaño.
Si bien en los últimos años pareciera haber habido un descenso en el número de víctimas por quemaduras y que los amantes de la pirotecnia parecen estar más moderados, no hay que olvidar las recomendaciones y cuidar a los más pequeños y a las mascotas, en particular, de manera que la celebración no termine convirtiéndose en desdicha.
Generalmente, se suele reaccionar o lamentarse cuando los hechos ya se han producido. Como bien dice un antiguo refrán, cuya sabiduría nunca hemos terminado de aprender, es mejor prevenir que curar. Suele rezar otro refrán que el que juega con fuego se termina quemando. Conviene no olvidarlo.